Reflexiones sobre la tortura y el silencio

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Por N. Rojo

N. Rojo es un argentino privado de su libertad. En ese marco, reflexiona y nos acerca algunas impresiones respecto a la situación de encierro. El dato: N. Rojo cuenta con cierto grado de formación académica, estudia una carrera dentro de la unidad carcelaria en la cual cumple condena, lo que le ha permitido tener una mirada profundamente reflexiva respecto de esa experiencia. Aquí la nota: detenidos-cárceles

Todo vale para silenciar, para invisibilizar, para amordazar el reclamo. Torturas, vejámenes, humillaciones. Cuando las barreras arquitectónicas que llamamos muros no alcanzan, aparecen unas barreras más poderosas; las culturales.

Información engañosa, falsa, maliciosa, tramposa, fraudulenta; des-información dolosa que construye el desinterés, la estigmatización, el odio…

Expresa Wacquant, “paradójicamente, el país que ha institucionalizado la penalización del pobre, no tiene tiempo ni interés en discutir el problema. Y en parte, esto es muy revelador de lo que esa política está tratando de hacer. Esta política es una estrategia para hacer invisibles los problemas sociales”[1]

Algunos medios masivos de comunicación construyen selectivamente al “otro”, a ese que reclama, que no se adapta a las pautas establecidas para una determinada clase, que no acepta la naturalización del sometimiento, que no se calla, que denuncia las desigualdades, los tormentos de la clase obrera por la mano  inquisidora dominante.

La mano de obra, también explotada, alienada, automatizada por un sistema que también los oprime, es utilizada y desechada cuando dejan de ser funcionales. Pero mientras tanto, muchas veces, son funcionales a los medios. Medios serviles, con  lacayos del poder que seleccionan, jerarquizan y construyen una falsa realidad que inclina la balanza mediática para amparar la forma más violenta para aniquilar hasta el susurro: la tortura.

El sistema de la crueldad no perdona al que se quita la mordaza. El que no calla se libera y representa el peor de los peligros: el ejemplo.

El sistema de la crueldad deja marcas, pero el silencio sepulta la memoria. El olvido castiga con el presente, pero condena al futuro.

“…Al silencio fueron condenados los otros, los diferentes, los “incapaces”, los no blancos, los no hombres, los no adultos, los no letrados. Por negación el silencio se convirtió en un antídoto para mantener las certezas, la seguridad de los blancos, los hombres, los adultos, los letrados. Afuera, en silencio permanecieron los otros. Enmudecieron las historias paralelas que narraban de otro modo los sentidos de la vida. La voz del conquistador se levantó sobre los mares y ciudades, en el campo de batalla quedaron los cadáveres silenciados para siempre y los vencidos aceptaron el silencio como una forma de sobrevivencia. Entonces nacieron los susurros, la negación más poderosa del silencio…”,  afirma Rossana Reguillo[2]

La tortura daña al cuerpo, agita el alma, corrompe el sentido de la vida; pero consolida el camino de la lucha. “…en el intento por preservar la memoria, muchos callaron, pero encontraron formas para dotar de contenido a sus silencios. Y avanzaron y el murmullo creció y el poderoso desató sus bestias para la cacería, desesperado porque sus instrumentos de registro, diseñados para el estruendo, captaban el desasosiego pero no lograban ubicar la fuente, que a golpe de susurros, alteraba el orden de los sonidos conocidos…” [3]

El que no calla libera. Construye. Desata. Resiste. La palabra, nuestra palabra,  tiene el poder de la experiencia y la potencia del dolor. Tenemos el deber de defender la palabra y la sangre que se derramó en su honor.

“…Esta es una tarea que exige historizar nuestra mirada para entender el presente e imaginar el futuro, en el afán de transformar la memoria del pasado en un potente faro que nos permita descubrir la presencia del dominador, del inquisidor, en nuestro cuerpo, en nuestra casa, en nuestras ciudades, en nuestros medios, en nuestros corazones, en nuestra palabra. La paz no puede ser la ausencia de sonidos sino la suma articulada, armónica y equitativa, de las voces de todos, ello exige salir a la intemperie, como quería a despertar las historias que duermen en las calles…” [4]

Notas:

[1] Löic Wacquant “Castigar a los Parias Urbanos”. Antropología, crítica cultural y crisis de sentido en el mundo contemporáneo Nº 2, Enero-Junio de 2006 Páginas: 59 – 66 http://antipoda.uniandes.edu.co/view.php/19/view.php

[2] Reguillo, Rosana. Identidades culturales y espacio público: El mapa de los silencios. Guadalajara. México http://www.narrativas.com.ar/Apuntes/Reguillo%20Mapa.pdf

[3] Idem

[4] Idem

Juan Quesquén
Juan Quesquén
Periodista.

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