Las chicharitas invaden la ciudad y su presencia en grandes cantidades supone riesgos

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De la mano del calor, llegaron para quedarse. Son molestas, pican y son el terror de jardines y cultivos.

Las altas temperaturas de estos días y las abundantes lluvias, generaron el ambiente propicio para que los platenses asistan a un fenómeno natural, aunque poco frecuente. En las últimas semanas, entre los múltiples insectos que pululan en torno a los faroles, prevalecen las llamadas chicharritas, cigarritas, saltahojas o hoppers, que coparon el interior de los hogares, plazas y jardines, y amenazan con quedarse si las condiciones de climatológicas se mantienen. Científicos de la Universidad Nacional de La Plata se encargan de analizar el comportamiento de estos organismos y advierten sobre los daños que pueden producir.

Ana María Marino, Profesor Consulto e Investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata explicó que “estos pequeños insectos pertenecen al Orden Hemíptera, uno de los grupos más diversos (con mayor número de especies) de fitofagos chupadores. Son activos saltadores y semejan pequeñas ranitas al impulsarse con sus patas posteriores. Su coloración varía desde uniforme amarillenta, castaña, verdosa, negruzca, con diseños punteados o bandeados muy coloridos, generalmente en las especies de mayor tamaño”.

La investigadora detalló que “estos insectos se distribuyen en todo el mundo, aunque prevalecen en regiones tropicales y subtropicales. Se alimentan de los fluidos vegetales que succionan con su rostro o pico, utilizando como alimento todas las especies vegetales terrestres y acuáticas: herbáceas, leñosas, ornamentales, etc”.

Según explicaron, “su presencia en grandes cantidades supone riesgos que van mucho más allá de las molestias que suelen ocasionar a las personas en el interior de las casas y jardines. Es que las chicharritas cumplen todo su ciclo de vida sobre el césped y las plantas; pueden oviponer sobre hojas, tallos y raíces superficiales, causando diferentes tipos de daños. Tienen la capacidad de provocar lesiones locales (deformación de hojas o tallos) de distinto grado de severidad, y hasta de transmitir gérmenes (virus y bacterias) causales de enfermedades de alto impacto económico para el sector agropecuario”.

Las crías nacen y crecen gradualmente pasando por 5 etapas de desarrollo, y a lo largo de un mes alcanzan el tamaño y la forma definitiva del adulto. Como adultos viven aproximadamente entre uno y dos meses.

Este grupo de insectos sólo se alimenta de fluidos vegetales, y también utilizan las plantas para disponer sus huevos, en un número variable que va desde los 50 a los 300 por hembra a lo largo de su vida. Allí nacen y se alimentan utilizando al principio la misma planta, pero a medida que transcurren los días y avanza su desarrollo, pueden pasar a plantas vecinas saltando y así poder alejarse hasta 10 metros buscando alimento adecuado. El adulto, ya con las alas desarrolladas puede movilizarse distancias muy grandes, recorriendo hasta cientos de kilómetros en busca de alimento apetecible, lo que la transforma en una plaga peligrosa.

Cabe destacar que el grupo de investigación que lidera la doctora Marino en la División Entomología de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, hace años viene realizando intensos estudios taxonómicos y comportamentales acerca de este grupo de hemípteros, alcanzando relevantes resultados especialmente para el sector cerealero. Se detectaron así especies vectoras del virus causal del “Mal de Rio Cuarto del maíz” y del patógeno productor de “Achaparramiento del maíz”. Se trata de dos de las enfermedades patogénicas más importantes del maíz en la Argentina, producidos por este tipo de insectos.

“Otros estudios están orientados hacia la detección de otras especies vectores de enfermedades en zonas productoras de citrus, vides, olivos. Por la importancia fitosanitaria de estas plagas, el conocimiento de sus ciclos biológicos es imprescindible para poder promover o mejorar los programas de control”, expreso Marino.

Atracción fatal

Las especies que viven en la vegetación urbana o suburbana, especialmente en noches de verano (periodo en donde las poblaciones son muy numerosas), son intensamente atraídas por la luz artificial. Por ello, en estos días es frecuente verlas saltar sobre lámparas, papeles u otras superficies claras, generando verdaderas nubes de cotorritas. Su presencia invasiva resulta especialmente molesta por sus picaduras que, aunque inocuas y pasajeras, son muy punzantes.

Sobre el particular comportamiento de las chicharritas, Marino explicó que “las condiciones atmosféricas que se están dando en la ciudad por estos días hacen que estos insectos con capacidad voladora abandonen su medio natural y vuelen atraídos por la fuente lumínica”. Sin embargo, agregó un dato revelador: esa atracción resulta fatal para las pequeñas criaturas ya que, por lo general, mueren deshidratadas en ese ambiente.

Respecto a qué hacer para evitar la molesta invasión en los hogares, recomendó: “dado los escasos y cortos periodos de tiempo en que suceden estos eventos de presencia masiva, hay que evitar dejar ventanas y puertas abiertas en ambientes iluminados. Por eso es aconsejable tener mosquiteros ya que –advirtió- de nada sirven los repelentes y espirales tradicionales”.

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