Dos pequeñas mandíbulas guardadas durante décadas revelaron nuevas especies de mamíferos prehistóricos

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6 octubre, 2026

Investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata analizaron fósiles que permanecían en colecciones desde las décadas de 1960 y 1980. El estudio permitió identificar dos especies desconocidas de ungulados sudamericanos, similares a pequeños caballos o ciervos.


Durante décadas permanecieron prácticamente en el anonimato, conservadas en colecciones paleontológicas de la provincia de Buenos Aires y Chubut. Ahora, dos pequeñas mandíbulas permitieron identificar a dos especies desconocidas de mamíferos prehistóricos que habitaron la Patagonia hace entre 19 y 29 millones de años.

El descubrimiento fue realizado por investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y los resultados fueron publicados en la revista científica Biological Journal of the Linnean Society. El trabajo permitió avanzar en el conocimiento de los liptoternos, un grupo de ungulados nativos de Sudamérica que actualmente se encuentra completamente extinto.

Los fósiles pertenecían a dos familias poco conocidas, Adianthidae e Indaleciidae. Uno de los ejemplares se encontraba en las colecciones del Museo de La Plata y el otro en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), en Chubut. Ambos materiales habían sido hallados décadas atrás y permanecían sin una clasificación definitiva.

A partir de una revisión detallada, los especialistas determinaron que se trataba de dos géneros y especies nuevas. En homenaje a las instituciones que conservaron los fósiles, fueron bautizadas como Leindacia unpasajubo y Dianthusa unlapla, nombres construidos a partir de anagramas y de las siglas de ambas universidades.

El recurso lingüístico también constituye un homenaje al paleontólogo Florentino Ameghino, quien utilizaba con frecuencia anagramas para denominar nuevas especies.

Fósiles pequeños, información valiosa

Las mandíbulas estudiadas tienen aproximadamente el largo de un dedo y se encuentran incompletas. Sin embargo, conservaron sus dientes, piezas fundamentales para reconstruir aspectos de la vida de los animales que las poseían.

Los dientes funcionan como una verdadera “huella digital” porque permiten obtener información sobre la alimentación y los hábitos de los animales. Incluso, mediante el análisis de su composición química, pueden aportar datos sobre las condiciones ambientales en las que vivieron, como la temperatura o las precipitaciones.

Para estudiar los fósiles, los investigadores utilizaron, entre otras herramientas, tomografías computadas y análisis de las piezas dentales.

Uno de los ejemplares fue encontrado en Chubut y corresponde al Oligoceno tardío, período que se extiende aproximadamente entre 29 y 24 millones de años atrás. El otro proviene de Santa Cruz y pertenece al Mioceno, hace unos 18 o 19 millones de años.

Los especialistas determinaron además que el ejemplar más antiguo era juvenil, ya que presentaba un molar en proceso de erupción. Su dentición también permitió inferir que se trataba de un animal adaptado al ramoneo, es decir, que se alimentaba principalmente de ramas, brotes y hojas de árboles, en lugar de pastos.

El ejemplar más reciente presentó, en cambio, una característica poco habitual: sus dientes inferiores tenían cuatro raíces, cuando lo más frecuente en los mamíferos es que posean dos. Este rasgo lo vincula con los proterotéridos, una de las familias más conocidas de liptoternos, cuyos integrantes tenían un aspecto semejante al de pequeños caballos.

Dos especies separadas por millones de años

Según los investigadores, ambos animales probablemente tenían una apariencia similar a la de un pequeño caballo o ciervo, aunque su tamaño era comparable al de un gato o incluso un conejo.

No existe actualmente una especie equivalente que permita establecer una comparación directa. Además, las dos especies no llegaron a convivir: están separadas por unos diez millones de años.

Los científicos plantean como hipótesis que pudo existir un proceso de reemplazo ecológico. Es decir, cuando la especie más antigua desapareció, el nicho o función que ocupaba dentro del ecosistema pudo haber sido asumido posteriormente por la forma más moderna.

El trabajo también permitió revisar el conocimiento existente sobre las familias Adianthidae e Indaleciidae y detectar vacíos en el conjunto de fósiles conocidos.

Para los investigadores, el hallazgo demuestra además la importancia de las colecciones científicas. Materiales que durante décadas permanecieron almacenados y sin una identificación definitiva pueden adquirir un nuevo valor cuando son revisados con nuevas preguntas y herramientas.

En este caso, dos pequeñas mandíbulas que permanecieron guardadas durante más de cuarenta años permitieron reconstruir una parte desconocida de la historia de los mamíferos que habitaron la Patagonia.

06/10/2026

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