
La pobreza registró un repunte en enero y alcanzó al 31 por ciento de la población debido al impacto del aumento en los precios de los alimentos, según estimaciones de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). El dato evidencia que la tendencia descendente del indicador no solo se frenó, sino que además mostró una suba en las dos mediciones semestrales más recientes.
De acuerdo con el informe, tras haber llegado al 52,9 por ciento en junio de 2024 —como consecuencia de las sucesivas devaluaciones, en especial las derivadas del inicio de la gestión de Javier Milei— el índice comenzó a disminuir. Esa baja resultaba previsible luego del reordenamiento de precios, principalmente en alimentos, posterior al fuerte ajuste inicial. Dos factores contribuyeron a esa mejora: el mantenimiento de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y de la Tarjeta Alimentar con incrementos superiores al Índice de Precios al Consumidor, y la desaceleración inflacionaria. Sin embargo, distintos analistas advierten que esta estabilidad, considerada artificial, podría revertirse ante una eventual suba del dólar que impulse nuevamente los precios, sin un correlato en los salarios.
El documento precisa que cerca del 30 por ciento de la población reside en hogares urbanos en situación de pobreza, lo que equivale a unos 9,1 millones de personas afectadas.
“El cálculo proyectado puede desagregarse en un promedio ponderado: 26,5 por ciento para el bimestre agosto-septiembre de 2025, 32,5 por ciento en el cuarto trimestre de 2025 y 31 por ciento en enero de 2026”, detalla el estudio. La suba observada en los dos últimos relevamientos se vincula con el incremento de las canastas básicas que elabora el INDEC.
En enero, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el umbral de indigencia, se incrementó 5,8 por ciento mensual y alcanzó un valor de 623.990 pesos para una familia tipo de cuatro integrantes. En paralelo, la Canasta Básica Total (CBT), que fija la línea de pobreza, aumentó 3,9 por ciento hasta ubicarse en 1.360.299 pesos. El peso de los alimentos es determinante en ambas mediciones, dado que los sectores de menores ingresos destinan casi la totalidad de sus recursos a la compra de comida. Ese rubro exhibió en enero una inflación del 4,7 por ciento, cifra que viene en ascenso y se asemeja a la de mayo de 2024 (4,8 por ciento), cuando la pobreza alcanzó su punto máximo.
El econometrista y responsable del informe, Martín González-Rozada, señaló además un fenómeno vinculado tanto a la pobreza como a la desigualdad: “Los hogares del decil 1, es decir los de menores ingresos, enfrentaron en enero una inflación mensual de 3,27 por ciento, frente al 2,65 por ciento que registraron los hogares pertenecientes al 10 por ciento de mayores ingresos”.
Los sectores medios actuaron como amortiguadores del ajuste, absorbiendo el impacto principalmente a través de aumentos tarifarios, sustituyendo consumos por segundas y terceras marcas y reduciendo gastos como los planes de medicina prepaga.
Aunque la AUH acumuló un incremento del 492,87 por ciento en los primeros dos años de la administración libertaria —lo que contribuyó a moderar un aumento mayor de la pobreza— la desigualdad persiste. Datos de la Anses muestran que el monto pasó de 20.661 pesos en diciembre de 2023 a 122.492 pesos en diciembre de 2025. En diciembre de 2023 la inflación mensual fue de 25,5 por ciento y la interanual de 211,4 por ciento, en un contexto atravesado por el resultado electoral favorable a Milei.
Durante los primeros meses de gestión, el IPC alcanzó un 287,9 por ciento interanual en mayo de 2024, para luego desacelerarse hasta ubicarse en torno al 3 por ciento mensual. El año 2024 cerró con una inflación acumulada de 117,8 por ciento. En 2025, con salarios y dólar contenidos, el Gobierno consiguió reducir la inflación anual al 31,5 por ciento, aunque a costa de una contracción del consumo.
La relativa estabilidad de los precios, en un escenario donde los salarios no logran recomponerse tras las devaluaciones iniciales y persisten cuestionamientos sobre las estadísticas oficiales, tiene como contrapartida la caída del consumo. El poder adquisitivo se encuentra deteriorado y aumentan tanto el endeudamiento con tarjetas como la morosidad.
“Si esto no se traduce en una mejora concreta en la calidad de vida, el esfuerzo carece de sentido”, afirmó el economista Carlos Melconian, quien inicialmente había valorado positivamente la gestión de Milei. El exintegrante de la Fundación Mediterránea —institución que también tuvo entre sus referentes a Domingo Cavallo— sostuvo que en estos dos años el Gobierno no logró revertir la estanflación, entendida como una economía estancada con inflación persistente.