
La iniciativa será enviada al Congreso para ser refrendada por los legisladores nacionales. El mismo contempla: la reducción de aranceles, la entrega de datos y negocios con minerales críticos, patentes, propiedad intelectual y carnes.
Sobre la política arancelaria contempla su eliminación o baja, permitiendo a EE. UU. un acceso preferencial a sectores clave como maquinaria, tecnología, dispositivos médicos y fármacos. En contraparte Argentina deberá eliminar licencias no automáticas, aceptar estándares técnicos y certificaciones estadounidenses o internacionales. Al mismo tiempo deberá aceptar la importación de vehículos estadounidenses fabricados según las Normas Federales de Seguridad, así como los certificados y autorizaciones previas de la FDA para dispositivos médicos y productos farmacéuticos.
La Cancillería argentina esgrimió como argumento que la firma del acuerdo promoverá exportaciones del siguiente modo: Washington eliminará aranceles recíprocos para 1.675 productos de una amplia gama de sectores productivos, lo que permitiría recuperar exportaciones por 1.013 millones de dólares.
Vale la pena destacar los desequilibrios propios de las dimensiones de ambos estados nacionales: mientras que el PBI de los EE.UU superó los 30 billones de dólares en 2025, el argentino marcó 683.371 millones de dólares en el mismo período. En tal sentido surgen las dudas respecto del concepto de «reciprocidad» que auspicia el acuerdo, máxime si se tiene en cuenta el contexto de disputa comercial entre la administración de Trump y China, que en este escenario perjudica aún más a la industria y los sectores del trabajo.