Una nueva institucionalidad nacional y popular

Una nueva institucionalidad nacional y popular

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Osvaldo Drozd

Este escrito intenta dar cuenta de una nueva situación política en la Argentina, que si bien tiene como antecedente directo la crisis económico social de 2001, podríamos definir en términos relativos, como nueva, a partir del año 2010, en un proceso ininterrumpido pero sujeto a vaivenes iniciado en 2003, con la asunción de Néstor Kirchner al gobierno. Voy a citar un párrafo que da cuenta de alguna forma, de la temporalidad a la cual nos referiremos. Juan Carlos Portantiero escribía en “Clases dominantes y crisis política en la Argentina actual” del año 1973, lo siguiente: “Una nueva etapa económica supone la definición primaria de nuevos actores sociales, a la vez que determina reajustes en los campos de interés. En un primer momento los nuevos protagonistas aparecen definidos objetivamente en el nivel de las clases; su representación social y política, sin embargo, se demorará. Durante todo un período el espacio de la política estará primordialmente ocupado por núcleos residuales, fuerzas sociales y grupos políticos demorados cuyas respuestas apuntan a preguntas planteadas durante la etapa anterior y que sólo en ella podían ser satisfechas. Estos rezagos que desvían o amortiguan las nuevas líneas de conflicto social planteadas por los cambios en la economía, pueden ser, en el corto plazo, factor principal de las decisiones políticas: desautorizados históricamente en el nivel estructural, “vaciados” ya de contenido si se los observa desde el futuro, suelen manifestarse como protagonistas principales en el plano político presente.”
Más allá de los hechos acaecidos en diciembre de 2001, el 19-20 no era un acontecimiento aislado de lo que venía incubándose en la sociedad en general, sino un punto álgido de aquella situación generalizada, que contaba con un antecedente a veces subestimado, y que había sido el “Voto Bronca” en las legislativas de octubre del mismo año. La irrupción del “Que se vayan todos” era la confluencia de diferentes actores sociales, algunos con algún tiempo de desarrollo como el movimiento piquetero, y otros que irrumpían en ese mismo instante como el movimiento de fábricas recuperadas, las asambleas populares, los caceroleros, y variadas expresiones sociales que propiciaban la recuperación de espacios públicos y la construcción de centros culturales, huertas comunitarias, etc. Un ausente notorio en 2001 fue el movimiento sindical, que hasta el año 1997 había tenido un protagonismo fundamental en la resistencia al neoliberalismo, principalmente en nucleamientos como la CTA y el MTA.
A partir de entonces, la resistencia pasó a ser conducida principalmente por los movimientos sociales. Obviamente, el proceso de desindustrialización y flexibilización laboral le fueron restando poder a los sindicatos, y el principal emergente eran quienes quedaban al margen del mercado laboral, y habría que aclarar a su vez, que la resistencia de los trabajadores sindicalizados, poniendo como antecedentes la Marcha Federal del 94, pero que podríamos extender al Santiagueñazo del 93, eran principalmente expresiones de trabajadores estatales, nucleados en el CTA y la CCC, más camioneros y transportistas nucleados en el MTA.
“Que se vayan todos” fue una expresión a la cual podemos denominar en términos gramscianos como de “política negativa”, es decir una respuesta política no propositiva sino en oposición pura, sin proponer nada a cambio. En este sentido la política pasó a ser cuestionada, en tanto se generaba un vacío de conducción y una marcada crisis de representación. Aquel era supuestamente el momento ideal para la construcción de una fuerza política que aglutine a todos los sectores sociales descontentos, en una alternativa de poder real que pudiera proponer la resolución de todos los problemas que había generado el neoliberalismo, e incluso pudiendo darle una perspectiva superadora, pero la crisis nos encontró sin al menos un insumo previo a la realización de dicha fuerza, y cuando la crisis se desata, si ese insumo no está desde ya presente en la lucha social, resulta tarde para construirlo en una situación crítica.
La llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003, con apenas el 22 % de votos, tras el retiro de Menem a presentarse en la segunda vuelta, y mucho más, las primeras medidas adoptadas como la anulación de las leyes de impunidad y la renovación de la Corte Suprema de Justicia, sólo pueden entenderse a partir de considerar el proceso abierto a partir de las jornadas de diciembre de 2001. Kirchner llega al gobierno mediante la estructura del Partido Justicialista principalmente, y sabiendo que a partir de ahí era necesaria la construcción de una fuerza propia que ya no dependiera, ni sea condicionada por el viejo aparato, y es así como logra concitar la adhesión de un gran número de movimientos sociales y grupos políticos, que en gran mayoría habían estado anteriormente enrolados en la resistencia, confluyendo en ese fenómeno que se llamó transversalidad. Es bueno recordar que a la primer central obrera que Néstor recibió en la Rosada fue a la CTA, en sus primeros días de gobierno. El inicio de la puja por la distribución de la riqueza, y de desplazamiento de las corporaciones de las principales esferas de decisión, colocando al estado como palanca, y comenzando a recuperar sustancialmente el mundo del trabajo, hizo que el gobierno fuera ubicando cada vez más, a los enemigos a los que estaba enfrentando, y esto considero que fue determinante para el viraje que se realiza desde la concertación a un retorno a la estructura del PJ, y de la CGT liderada por Moyano, ya que históricamente estas estructuras cuentan con un mayor poder de fuego, para alcanzar una relación de fuerza favorable para enfrentar a poderes muy concentrados. La disputa por la 125 en 2008 y el enfrentamiento con las patronales agropecuarias, de alguna forma fractura al frente interno, poniendo en gran evidencia el rol de los medios hegemónicos. Si bien esta situación aparta a cierto consenso de derecha, comienza a mi entender, a sumar paulatinamente la adhesión de nuevos sectores por izquierda, que tendrían una irrupción relativa, durante las jornadas de debate y sanción de la nueva ley de medios.
El surgimiento de nuevos medios de comunicación favorables al modelo de inclusión, que en otros tiempos podíamos definir con exactitud como medios alternativos, la irrupción de las redes sociales, así como medidas de gobierno favorables a los sectores populares fue incubando un nuevo sedimento social que podemos denominar como un kirchnerismo espontáneo, principalmente juvenil, con viejos militantes de los setenta, con la adhesión de gran parte de la intelectualidad y de sectores de la contracultura, es lo nuevo que irrumpe principalmente en el 2010, con los festejos del Bicentenario, con la masiva concurrencia al velatorio del líder. Cristina el otro día en Huracán recordaba que en el acto de Ferro de 2010 por la conmemoración de aquel 11 de marzo de 1973, Néstor le había dicho que había notado la irrupción de un nuevo clima, que luego fue confirmado por los festejos de mayo.
La tarea actual más allá de la contienda electoral es como decía la Presidenta el otro día en Huracán, la profundización de la organización popular, la institucionalización del modelo nacional y popular, es decir el pasaje a la organicidad de todo ese kirchnerismo inorgánico y espontáneo, sin la mezquindad de los dirigentes, construyendo ese nuevo relato que se viene escribiendo, pero en el cual es necesario subrayar permanentemente los logros alcanzados, condición necesaria para profundizarlos.

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