Profundizar el proyecto ¿Por dónde?

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Osvaldo Drozd

Profundizar el proyecto, es un lugar común, casi dicho hasta el hartazgo. Ahora se trata de saber por dónde se hace, por dónde se prosigue, ya que por definición una transformación social, no es posible sin la participación popular, sin que el conjunto de la población adquiera determinada conciencia de los cambios, y se ponga la mochila al hombro, ya que es su bienestar lo que está en juego.

La crisis de 2001 reveló una fractura ineludible entre la sociedad civil y la sociedad política, una crisis de legitimidad, que si bien empezó a revertirse sustancialmente a partir del 2003, aún quedan rémoras de un pasado que exige superarse. Lo nuevo no se construye sin las resistencias de lo viejo, y es en este punto preciso donde se debieran establecer los nudos principales del proceso en cuestión. La “Revolución desde arriba” tal como la caracterizara Julio Godio, encuentra límites precisos en un modelo de organización política y social, diseñada para etapas anteriores, donde la participación popular o los estándares de militancia, se ajustaban más al quiebre entre los dirigentes y los dirigidos, que a superar la despolitización popular impulsada por el neoliberalismo.

La ofensiva mediática contra el vicepresidente Amado Boudou, más que el intento destituyente, lo que intenta, es colocar a la población como un espectador pasivo, como un rehén de una contienda que se desarrolla en un escenario que les es ajeno, y del cual solamente pueden tomar partido, como en un reality show. La puja entre Boldt y Ciccone, o entre el vicepresidente y Magneto, Scioli, Binner o Randazzo, reproducen la lógica de la desmovilización popular, antes que el impulso a la organización, y esto se pone de manifiesto cuando aparece algún problema concreto por el cual, los sectores populares si necesitan de una respuesta efectiva.

Tras los desastres generados por el tornado, en semana santa, la búsqueda de resoluciones, develó la existencia de una espontaneidad popular en la cual, hay rémoras muy marcadas de una cultura del asistencialismo, al igual que una falta de organización política y social, acorde al proyecto nacional y popular.

En la mayoría de los municipios del conurbano bonaerense, se dieron piquetes con exigencias dispares, donde se reclamaba no solamente por la ayuda social, y la reparación de las viviendas destruidas, sino donde la demanda también se unía al reclamo contra las empresas privatizadas de energía. Es muy probable que la mayoría de los que hacían los piquetes, hayan votado a los que encabezan las diferentes gestiones tanto municipales, como provincial; pero en el reclamo se enfrentaron a ellos, mezclándolos con el sector empresarial.

La visión errónea del problema hay que entenderla como una manifestación de espontaneismo, producto del bajo nivel de organización. Con núcleos de militancia arraigada territorialmente la visión hubiera sido diferente, y hubiera permitido la participación solidaria de los vecinos, en la resolución del problema, además de distinguir a la empresa privatizada de la gestión de un municipio, como a este último poder golpear junto a los afectados, contra un servicio ineficiente. Es inconcebible que sectores de la población se organicen para saquear una escuela ante la falta de luz, como que haya otros que reclamen chapas o tirantes para luego venderlos. La organización territorial bien establecida es la única que puede responder efectivamente a las necesidades de un Estado, que necesita romper definitivamente con la lógica del asistencialismo y del “sálvese quien pueda”. Esto también es parte de propiciar la “sintonía fina”.

 

Juan Quesquén
Juan Quesquén
Periodista.

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