La tragedia de Once y las asintonías afinables

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Osvaldo Drozd

Si no hubiese ocurrido la tragedia ferroviaria del pasado 22, casi todos miraríamos para el mismo lado, pero lamentablemente esto ocurrió, y ahora hay que sacar conclusiones.

Los pasajeros seguirían viajando en tren como lo venían haciendo, los medios canallas y hegemónicos no dirían nada al respecto, y es posible que tampoco los críticos, ni los denominados “oficialistas”. La situación ferroviaria era sentido común.

Si bien desde el 2003 se produjeron grandes avances a favor de los sectores populares, hay que convenir que esta gestión no es el resultado de una revolución, mal que les pese a los que le piden al gobierno que sí lo sea. Una revolución si alguna vez existió como tal, en su visión casi romántica, implicaba una tabla rasa, una eliminación  de todas las impurezas y el surgimiento de algo totalmente nuevo.

La tragedia de Once pone al desnudo, las asintonías afinables que aún quedan por sintonizar.

La cuestión ferroviaria, no es nueva, es de larga data y se incrementó su crisis en los ’90 con la privatización y el desguace del estado. Es verdad que hay connivencias peligrosas, que más que el proyecto nacional y popular, les interesa solamente su supervivencia, casi homologable a la “acumulación originaria”, y en esto podemos señalar tanto responsabilidades de propios funcionarios como de empresarios inescrupulosos. Mientras los Cirigliano tienen la concesión de TBA, en condiciones más que deplorables, esto les permite hacer caja para realizar negocios en el exterior, adquiriendo un servicio de transportes en Miami a todo lujo, tal como nos informa el domingo Miradas al Sur.

Decíamos que este proceso no es una tabla rasa desde donde impulsar lo que viene, sino un entramado complejo y sinuoso, y esto no es una novedad pero parece que los medios hegemónicos no se enteraron. De igual forma otras asintonías como pueden ser el caso de la inseguridad, son sus banderas de combate, pero cuando aparece algún proyecto que va en serio por la resolución, miran para otro lado, o se embanderan. Hoy intentan demonizar al kirchnerismo bonaerense porque le quiere imponer la política de seguridad al gobernador Scioli, pasándolo por arriba y pidiéndole la cabeza de su ministro Casal.

Por todo esto debería ser hoy, parte principal de la agenda pública detectar todas aquellas asintonías, que si bien podrían no hacer peligrar la vida, debieran ser abordadas para profundizar el proyecto. De igual forma como yendo por una calle, saber donde están los baches para arreglarlos, o como en el trabajo de un jardinero, saber que en aquel sitio falta una planta.

En la última revista Noticias, hay una entrevista a Lanata, Sebrelli y Sarlo que se titula “Los límites del relato K”, y lleva como subtítulo: “La tragedia de Once puso en apuros al discurso oficial. El verdadero sentido de Patria, inversión, distribución y justicia. Un golpe previsible al fetichismo de la palabra”. Los tres voceros del Establishment cargan todas las tintas hacia el gobierno nacional, tildando que todo es una farsa. Tal vez Sarlo sea un poco más realista y rescata que el discurso oficial si no se apoyara en medidas bien concretas como la AUH, no lograría ninguna encarnadura, pero todo lo demás es denuncia sobre corrupción y mentiras, aplicándolas sobre lo que el que escribe considera contradicciones secundarias, es decir posibles de resolución con la ya popular “sintonía fina”. Tal vez sea verdad que la corrupción exista, pero lo que no se puede hacer de ella es el aspecto principal de algo que fundamentalmente es político, es decir una lucha entre proyectos de país.

 

 

Juan Quesquén
Juan Quesquén
Periodista.

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