El surgimiento del laborismo en la Argentina II

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Por Osvaldo Drozd 620_480_foto354

Tal cuenta Cipriano Reyes en su libro “Yo hice el 17 de Octubre”, las injusticias en el lugar de trabajo eran muchas. Él se refiere en primer lugar a los frigoríficos Swift y Armour de Berisso, de los cuales el fuera parte. En ese lugar los trabajadores padecían las mayores atrocidades. Cipriano había trabajado en la Sala de Calderas, y decía que los trabajadores de esa sección comían con las manos sucias, y sentados en el piso con las espaldas apoyadas en una pared. No lo dijo Cipriano en su libro, sino viejos obreros que trabajaron en ésa época –a quienes este cronista alguna vez escuchó-, que si alguien en la fábrica pedía permiso para ir al baño, si en 2 o 3 minutos no salía de él, un sereno les  golpeaba la puerta con un palo. Realizar un inventario de las injusticias que padecían los obreros en el puesto de trabajo, llevaría una labor aparte. Para lo que se intenta decir acá sólo basta saber que eso era la moneda corriente, y que las tendencias sindicales de entonces tenían como primera política resolver esas situaciones. El problema salarial estaba subordinado a ello. Cipriano en su libro lo dice con todas las letras: para ese esfuerzo sobrehumano de trabajar en una sala de calderas que se asemejaba al infierno que describe el Dante en la Comedia, lo que se pagaba era extremadamente poco. No cuestionaba la plusvalía obviamente, sino la distribución completamente injusta de la misma. Tampoco se le puede pedir a un Cipriano que sobre las tesis marxistas de El Capital no haya sabido tanto, cuando otros que si decían conocerlas, a esos detalles de las injusticias laborales, no le prestaban demasiada atención. Cipriano en los frigoríficos de Berisso, construyó las principales bases de lo que más tarde sería el partido laborista, y fue uno (sino el más importante) de los sindicalistas que generaron la gran movilización que fuera el 17 de Octubre del ’45. En esas coordenadas al gremio de la Carne, los laboristas se lo ganaron a los comunistas que encabezaba el célebre dirigente José Peter. Se lo ganaron a fuerza de sostener mejor las demandas obreras, no por artilugios burocráticos. Eso debiera quedar muy claro si se pretende entender por qué el proletariado de entonces abandonó la conducción del partido comunista. Tiene que quedar muy claro que, quien escribe nunca va a utilizar la palabra comunista en sentido peyorativo, ya que esa palabra misma podría enmarcarlo ideológicamente. Lo que se cuestiona acá es una política muy concreta que los que decían llamarse comunistas -por ese entonces- habían dejado de lado. Muchos militantes obreros comunistas de base, con mucha participación en las luchas de la década del ’30, irían a pasarse con Cipriano. Esos mismos militantes alguna vez le contaron a quién escribe su profunda admiración por Peter, a pesar de haber quedado en la vereda de enfrente. Y eso que en Berisso se produjeron enfrentamientos armados entre laboristas y comunistas que dieron como resultado que uno de los hermanos de Cipriano, cayera muerto. Al funeral en Berisso hasta el por entonces Coronel Perón asistió y la caravana que se hizo desde el lugar hasta el cementerio de La Plata, cuentan que fue inmensa. De todas formas aunque haya habido bajas, ésas, eran contradicciones en el seno de la clase trabajadora. Pero no hay que dejar que eso no se señale, porque sino la historia se quedaría por la mitad. La emergencia del laborismo en Berisso es una labor de reconstrucción histórica que debiera hacerse. Si en los años ’70 los que adheríamos a las tendencias clasistas y revolucionarios de entonces, señalábamos que los obreros de las automotrices cordobesas eran la fracción más importante de toda la clase en su lucha contra la dictadura que había iniciado Onganía en el ’66, y que podía convertirse en la verdadera vanguardia proletaria; lo que no caben dudas es que los trabajadores de los frigoríficos de Berisso en los ’40, habían sido los que ocuparan un idéntico lugar. Esa caracterización surge de un análisis objetivo de los principales baluartes de la producción, tanto en un ejemplo como en el otro. De igual forma, magistralmente Cipriano en su libro señala que tanto la sala de Calderas, como la de Máquinas eran el principal eslabón de la cadena productiva en los frigoríficos. Si se paraban esas dos secciones se paraba todo.

Como esto se hizo un poco extenso para la lectura que se hace en Internet, terminamos por acá y proseguimos en una próxima entrega en la cual nos referiremos particularmente al trabajo que los sindicalistas laboristas les encargaban a los muchachos del barrio en el que vivían. Era esa la idea inicial pero la introducción se hizo un poco larga.

Juan Quesquén
Juan Quesquén
Periodista.

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