Editorial

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El Tranvía no podía estar ausente en este día en el que contribuir a la recuperación de la memoria colectiva es un deber necesario. A 37 años del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976,  la sociedad argentina ha avanzado en el esclarecimiento de la verdad a través de los juicios que se instruyen en los Tribunales Federales de todo el país y ha dado verdaderos muestras de madurez para dar cuenta de la revisión del pasado.

Ello fue posible porque desde el año 2003 hacia adelante, se inició en la Argentina un nuevo proceso político que reivindicó y comenzó a acompañar el trabajo realizado por el conjunto de los organismos de Derechos Humanos. Ese trabajo no fue gratuito para nadie, pues en ese derrotero iniciado tras el golpe, hubo víctimas y estigmatizaciones. A Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, le costó la vida allá por el año 1978. A las continuadoras de esa tarea les cupo el mote de “Locas de la Plaza”. Mientras que a una porción, para nada despreciable de la población, le valió la necesidad de vencer el terror y cambiar una matriz cultural sustentada con el control de los aparatos ideológicos del estado.

Sin embargo, existen todavía resabios, resistencias de sectores económicos y políticos que pretende dar marcha atrás con esos avances, ya sea por mezquinos intereses económicos o bien porque la posibilidad de configurar un nuevo mapa geopolítico en el hemisferio sur obtura cualquier posibilidad de reeditar el paradigma neoliberal.

El golpe de estado del año 1976, fue uno de los procesos políticos y sociales más complejos de la historia Argentina. Sus efectos para la población fueron devastadores: la clausura de toda forma de expresión política y cultural, la desaparición sistemática de personas, la apropiación y supresión de la identidad de cientos de hijos de desaparecidos, el inicio de una etapa que significó el desmantelamiento de la industria nacional, una distribución regresiva del ingreso y el disciplinamiento social liso y llano.

La “revancha clasista”, en términos de la interpretación del economista Eduardo Basualdo, fue un avance de los sectores de la oligarquía argentina, con el capital financiero internacional. En un marco en el que el auge de las luchas sociales en América Latina, tuvo su pico de expresión más elevado a través de la movilización popular y la resistencia armada. Salvador Allende es el ejemplo y el golpe de estado del año 1973, propiciado por los Estados Unidos y las compañías norteamericanas, su cristalización.

Luego le tocó el turno a la Argentina. No en vano, el recientemente fallecido Alfredo Martínez de Hoz, fue constituido como Ministro de Economía de la Primera Junta Militar. Su nombre delataba la naturaleza del proceso que se iniciaba en el país.

Desde el presente, el pasado continúa siendo revisado permanentemente y sobre él queda mucho por escribir, es menester continuar bregando por la defensa de los Derechos Humanos, el fortalecimiento de la democracia y por revertir las condiciones económicas y sociales heredadas de esa etapa.

El Tranvía  a través de su página digital, ha comenzado a aportar elementos en ese sentido. La colaboración de sus columnistas, muchos de ellos provenientes de distintas expresiones políticas y culturales, a diario aportan insumos para la comprensión de esa etapa y la articulación con el presente.

La experiencia militante, de las generaciones que padecieron los efectos directos de la dictadura, se entraman con la experiencia de quienes se formaron al calor de la democracia a partir del año 1983, con el único objetivo de fortalecer las herramientas comunicacionales, que nos permitan contribuir al desarrollo de una estrategia colectiva de cara a una sociedad con equidad. Por ese camino vamos.