Atrapado en una pobre trinchera

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Osvaldo Drozd

La nota habitual de análisis de Joaquín Morales Solá para el matutino La Nación de hoy, arranca textualmente diciendo: “Sacarle la plata. Bajarle la popularidad. Debilitarlo como alternativa política e ideológica al kirchnerismo. El objetivo es Mauricio Macri. En esa estrategia se encierra el conflicto político entre el gobierno nacional y el capitalino por el control de servicios públicos esenciales para la sociedad. Son servicios de transporte, que se convirtieron en extremadamente sensibles desde que un tren se estrelló en Once y dejó el saldo de 51 muertos y 700 heridos”.

El traspaso del subte a la ciudad, había sido aprobado por el gobierno metropolitano, mucho antes de la tragedia de Once, fue antes de fin de año, e inclusive Mauricio Macri se dio el gusto de aumentar el boleto, mientras el traspaso efectivo se produciría en noventa días, pero unilateralmente declinó de ello. Morales Solá argumenta: ¿Por qué firmó Macri ese acuerdo sin tomar los recaudos necesarios? ¿Por qué comenzó a ejecutarlo cuando dispuso el aumento del boleto del subte? La explicación del macrismo es política, no jurídica: Cristina acababa de anunciar que padecía cáncer (lo que luego se descartó) y gozaba de una popularidad de casi el 70 por ciento. ‘¿Qué hubiera dicho la sociedad, en ese momento, si le decíamos que no?’, pregunta y argumenta”.

El problema del traspaso tuvo un límite para Macri, opina el escriba del diario de Mitre, ya que mientras sus interlocutores eran De Vido o Schiavi (ex operador de Mauricio, y a la vez compadre, aclara JMS), no había problemas, pero “aquellos acuerdos embrionarios con De Vido y Schiavi rebotaban siempre en Olivos” ya que “Cristina había tomado el mando personal de la negociación con Macri” y con ello supuestamente, también el mando de la estrategia contra el jefe de gobierno, que planteaba Morales Solá en el inicio de su nota: “Sacarle la plata. Bajarle la popularidad. Debilitarlo como alternativa política e ideológica…” y esto colmaría el vaso cuando la ministra de Seguridad Nilda Garré dispusiera la retirada de la Policía Federal en la tarea de custodia de los subterráneos.

Hasta aquí pura especulación y victimización. El pobre niño Mauricio, quiere ser presidente en 2015, presentando como currículo la gestión capitalina, pero a su vez pretende que ésta, sea lo más liviana posible, sin hacerse cargo de los servicios esenciales que una ciudad autónoma requiere, como son el transporte público y la seguridad, teniendo en cuenta que ya posee una fuerza como la Policía Metropolitana.

El tratamiento en el Congreso, acerca del traspaso del subte y los colectivos, prevé inexorablemente que éste sea aprobado, ya que el oficialismo cuenta con la mayoría, pero como señala el editorialista de LN: Las transferencias de servicios públicos no se podrían concretar sin la previa aprobación de la Legislatura de la Capital. En medio de semejante conflicto político, el problema debería terminar en la Corte Suprema de Justicia, que tiene jurisdicción directa en los pleitos entre la Nación y las provincias” y es en este punto donde Morales Solá ya se queda sin argumentos, pues queda expuesto a un misterioso oráculo, esbozando la duda sí la Ciudad, es o no una provincia, ya que si lo fuera se tendría que hacer cargo del traspaso.

“La sociedad quedó, aquí y allá, atrapada por una estrategia política. No es una pelea digna, sino una pobre batalla” termina diciendo, atrapado en una pobre trinchera, casi sin recordar cuando visitaba centros de detención clandestinos, acompañando a militares genocidas, en su Tucumán natal allá por el ’75.

 

Juan Quesquén
Juan Quesquén
Periodista.

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